martes, 23 de abril de 2013

Escoba

No supo cómo recibir la idea de sus cabellos arrastrándose en la almohada negra con triangulitos ridículos, la de él, mientras la luz amarilla del cuarto de azotea susurraba que su nombre no debía escribirse sobre la carne salada de nadie. Él siempre nadie. Silencio brusco violento como tronido de tímpanos en medio de un reventón de ondas sonoras, felices. Él siempre nada, transubstanciando-sé el vacío. Volar es lo que hace falta cuando no sabes cómo recibir la idea de tus manos alcanzando el olvido ajeno, volar desde tus zapatitos de color óxido de rutinas, volar metiéndote entre los muslos la sonrisa de un gato sin frenos, volar sobre una escoba con mezcal en la mano, volar entre las letras de los muertos que siguen hablando de todo lo que implica la vida, volar rompiéndote en cristales que te hinchan los ojos y te llaman a la sed, al vacío que se quiebra y te retuerce las articulaciones atrás adelante atrás. Volar como bruja cuando no sabes cómo ser mujer.

No hay comentarios:

Publicar un comentario