lunes, 2 de mayo de 2011

Un Gato y la Luna

Las lunas son satélites naturales que orbitan los planetas. En nuestro Sistema Solar se conocen 174 lunas, repartidas bajo quién sabe qué términos cósmicos. Por ejemplo, Júpiter tiene 63 lunas, mientras que Marte tiene sólo dos; Saturno pareciera ser el nieto consentido de la Vía Láctea, que lo adornó con brillantes anillos y 62 lunas; Neptuno tiene 13 y Urano tiene 27, mientras que Venus y Mercurio no tienen. Los planetas enanos no escaparon a esta repartición sideral de los satélites y de este modo, Ceres tiene cero lunas; mientras que Plutón, en su exilio, cuenta aún con 3 (y, cabe señalar, con tres de los nombres más bonitos de toda la Vía Láctea: Hydra, Caronte y Nix). Haumea tiene 2 y Makemake, ninguna.

La Tierra tiene sólo un satélite natural que, a diferencia de las otras lunas, se escribe como sustantivo propio, otorgándole esta regla gramatical una especificidad distintiva. Además, se nos presenta como una entidad llena de particularidades físicas. Por ejemplo, sabemos que su diámetro es de 3 476 000 metros, que su superficie mide 37.700.000 km2 y que su volumen es de 21.860.000 km3. Sabemos que Luna y Sol ejercen cierta fuerza gravitatoria sobre la Tierra y que esto resulta en mareas, o que el recorrido de la Luna al rededor de la Tierra, ha sido medido a partir del tiempo transcurrido entre dos fases idénticas de la Luna, fenómeno al que bautizaron como mes sinódico, y que dicho mes dura veintinueve días, doce horas, cuarenta y cuatro minutos y tres segundos. Los cuerpos luminosos emiten luz, mientras que los cuerpos iluminados la reflejan. Así, sabemos que el Sol, como cuerpo luminoso, alumbra a la Luna que refleja por las noches una luz esplendorosa, tres semanas por mes.

A partir de los resultados de la observación sistemática de la Luna, la humanidad descubrió que ésta gira alrededor de la Tierra, presentándose ante nuestra perspectiva terrenal en 4 distintas fases de una semana de duración cada una. La primera se presenta cuando se encuentra entre la Tierra y el Sol, en este período, nos muestra su cara apagada, a esto le llamamos Luna Nueva; en esta fase, el ángulo de la Luna con respecto a la Tierra es de 180° y el porcentaje de luz que refleja es de 0%. Al transcurrir la semana de Luna nueva, ésta ha girado una cuarta parte con respecto a la Tierra, presentándonos media cara iluminada, observamos de este modo la fase llamada Cuarto Creciente. Posteriormente, una vez que la Luna ha girado otra cuarta parte con respecto a la Tierra y toma una posición alineada con la Tierra y el Sol, se aprecia totalmente su cara iluminada, a esto se le llama Luna Llena, y en esta posición, el ángulo de fase es de 0° y refleja una luz del 100%. La cuarta de las fases lunares es el Cuarto Menguante y da pie, cíclicamente, a la Luna Nueva.



Es decir, conocemos de la Luna características específicas que determinan su ser físico, pero ella se aferra a coquetear con otro estatus en la clasificación de los sustantivos, de modo que, pareciera a veces un sustantivo común abstracto (aunque no lo sea). Tal vez el hecho se deba a que en la Tierra sólo podemos mirar una cara de la Luna, porque su período de rotación es exactamente igual a su periodo orbital, esto le otorga el aire misterioso de lo que a primera vista es brillante, y no obstante, nos hace pensar inmediatamente que no podremos adentrarnos a conocerlo totalmente (como si su belleza no bastara para volvernos locos).

Otro posible origen de las abstracciones a las que invita la Luna es el hecho de que tendemos siempre a humanizar lo que nos rodea, considero una particular fuente de ideas al respecto, nuestra tendencia a mirarla con aire melancólico, porque es una de esas certezas que tranquilizan el alma en los tiempos de la nota roja, o porque salir de noche es encontrarte con ella, acompañándote, alumbrándote el camino. Tal vez porque a pesar de no saber qué influencias tiene sobre nuestra vida terrenal, el mirar al cielo y encontrarla llena es siempre un baño de miel para el alma.

De modo que nos encontramos con un sinfín de expresiones humanas alrededor de la Luna y su resplandor. Algunos ejemplos claros son las supersticiones que dictan bajo qué fases lunares deben empezarse las relaciones amorosas, los negocios y las dietas. Encontramos también historias de primeros besos iluminados por una luz magnánima que se posaba sobre el cielo, pero no sólo se escribe acerca de la Luna haciendo uso del pensamiento mágico, la Luna es, también, una magnánima fuente de ideas para la creación literaria y además fue cómplice de Galileo, pues al escribir el anagrama que enviaría a Julián de Medicis, la utilizó para referirse a las fases de Venus, las cuales son similares a las de la Luna, de modo que el texto Cynthiae figuras aemulatur mater amorum (La madre del amor emula la forma de Cynthia) escondía el descubrimiento que Galileo había hecho a través de su telescopio.

De este modo, podemos decir que la Luna es otredad, en tanto que es un ser físico, ya que su ser no depende de la mirada de la humanidad, sin embargo, también es mismidad en tanto que la humanidad ha pasado gran parte de su historia observándola, midiéndola, hablándole y escribiendo a cerca de sus características, las cuales son descritas a partir de construcciones culturales; la luz que produce como ser iluminado, nos penetra los poros de la piel, pero nosotros somos quienes la describimos a partir de la percepción que tengamos de ella.

Cuando buscamos información o imágenes sobre la Luna, encontramos esquemas que nos presentan los cuartos menguantes y crecientes de modo que se miran verticalmente. Sin embargo, hay noches en que la Luna parece una auténtica sonrisa del gato de Cheshire, por eso decidí tomar este tema para realizar el ejercicio.

Charles Lutwidge Dodgson, reconocido en la historia de la literatura inglesa por su seudónimo Lewis Caroll, nació en un condado de Inglaterra llamado Cheshire, de ahí que el misterioso gato de Alicia en el país de las maravillas sea de Cheshire. La historia de Alicia nos hace pensar, casi indefectiblemente, en la salud mental de Caroll, hay quienes afirman que Caroll hacía uso de los psicotrópicos propios de su conteto, como el opio, esto resulta lógico ante la fauna y sobre todo los sucesos descritos en Alicia en el país de las Maravillas y Alicia a través del espejo, hay quienes afirman que el escritor, matemático y fotógrafo seguramente estuvo drogado para dar a luz semejante historia, tan llena de magia y al mismo tiempo, de personajes tal extraños como el Gato de Cheshire. Dicen algunos estudiosos de su literatura que la creación de este personaje tiene su origen en esculturas que se encontraban fuera de algunas iglesias que Caroll visitaba de pequeño, otros afirman que en Cheshire era común comprar quesos en forma de gatos sonrientes y que es gracias a estas imágenes que Dodgson creó al gato, otra versión entre tantas acerca del origen de este personaje, es que en el puerto de Chester (centro de Cheshire) existía un monumento al gato de Cheshire, puesto que era a este puerto que arribaban toneladas de queso, las cuales atraían a cientos de ratones y, por ende, a gatos que se alimentaban de ellos, hecho que producía en los gatos una felicidad particular con respecto a los de cualquier otra región de ahí la sonrisa de estos gatos que solían sentarse en el muelle.

Si bien es lógico pensar en el uso de drogas para poder escribir sobre personajes tan extraños, también es posible que el Gato de Cheshire haya surgido a partir del hecho de que hay noches en que la Luna es una auténtica sonrisa del gato de Cheshire, de modo que hay otros estudiosos de la literatura de Caroll que afirman que la inspiración que lo llevó a escribir sobre este personaje fue la Luna.



En este sentido diría que en esta obra Luna se presenta no para describirla, como lo hacen las ciencias duras, sino para darle un sentido distinto; Carroll la toma como un punto de partida para crear un discurso distinto a los otros, transformando los discursos al respecto de modo que se presente como un personaje de cuento, lo cual es evidentemente distinto a otro tipo de discursos.

Así, Caroll asimila la otredad de la luna, la transforma y la describe dentro del discurso de "Alicia en el país de las marvillas". Evidentemente, nos encontramos ante la imposibilidad de captar totalmente el significado que para Caroll tenían el Gato de Cheshire y su sonrisa en las apariciones y desapariciones que hace en el recorrido de alicia en el país de las Maravillas, pero pese a esta imposibilidad nos encontramos ante una fuente de significaciones respecto al gato de Cheshire y lo que le significa a la niña que recorre un camino desconocido; más allá de mostrarle el camino que ha de seguir para llegar a “cualquier lugar”, la confunde haciéndole notar que para llegar a cualquier lugar debería tomar cualquier camino, abre las puertas al debate acerca de si es posible decapitar a un ser sin cuerpo e invita a la reflexión de Alicia cuando ella piensa, casi ingenua, que en el mundo material hay gatos sin sonrisa, pero no sonrisa sin gato, a menos que miremos al cielo y descubramos la sonrisa de la Luna, que se presenta sin cuerpo.