No supo cómo recibir la idea de sus cabellos arrastrándose en la
almohada negra con triangulitos ridículos, la de él, mientras la luz
amarilla del cuarto de azotea susurraba que su nombre no debía
escribirse sobre la carne salada de nadie. Él siempre nadie. Silencio
brusco violento como tronido de tímpanos en medio de un reventón de
ondas sonoras, felices. Él siempre nada, transubstanciando-sé el vacío. Volar es lo que hace
falta cuando no sabes cómo recibir la idea de tus manos alcanzando el
olvido ajeno, volar desde tus zapatitos de color óxido de rutinas,
volar metiéndote entre los muslos la sonrisa de un gato sin frenos,
volar sobre una escoba con mezcal en la mano, volar entre las letras de
los muertos que siguen hablando de todo lo que implica la vida, volar
rompiéndote en cristales que te hinchan los ojos y te llaman a la sed,
al vacío que se quiebra y te retuerce las articulaciones atrás adelante
atrás. Volar como bruja cuando no sabes cómo ser mujer.
Si encierras a una vagabunda en una oficina, por lo menos dale un trozo de papel y una pluma que pinte.
martes, 23 de abril de 2013
sábado, 20 de abril de 2013
La pareja se mira
La cicloestación de la alameda está casi siempre llena, ahora sin embargo sí había un spot que pude utilizar. Cuando me bajé de la bici vi a una chica caerse porque no alcanzó a esquivar un adoquín que un minuto antes yo había esquivado por casualidad... Nos acercamos 4 personas, dos chicas y un chavo que andaban en bici y yo. De ella me llamaron la atención su pantalón rojo, su cara blanca y sus labios que eran del color del pantalón. Luego pensé en lo inútil de habernos acercado, no pudimos ayudarle en mucho. Caminé sin audífonos y pude cachar gotitas de diálogos ajenos a mí, doblé a la izquierda.
José Martí de pie bajo la noche le da asilo a la pareja que sostiene una bolita de estopa remojada en activo. Ella vestido blanco con diamantes exquisitamente simulados por el cristal cortado que devora los rayos de luz y ejerce su poder de dispersión. Cuando era adolescente me gustaba ponerme un puntito de brillantina en la última pestaña porque de noche miraba las ondas separadas por quién sabe qué material en mis sombra de ojos, y no era que me encantara cómo se veía el brillito de noche, sino que me gustaba cómo se veía la noche desde mis ojos con el brillito. Nunca necesité usar drogas para caminar y extasiarme de lo que se ve en las calles.
La pareja se mira y ella deja entrever dos grandes senos en el escote, inhala con los ojos cerrados y se le expande el pecho. Pienso en el amor. Cuando me enamoro me gusta respirar profundo y olerle las mejillas a la gente, llenarme de su presencia inútil. Se abrazan. Pienso que tal vez él es su padrote. Frente a mí dos prostitutas hablan de sus zapatos. Es de noche en el Martí y hay una brisa de tristeza recorriéndome la nuca. Todos los paisajes, todos los recuerdos, toda la añoranza del antes. Nunca me gustó ser la inocente, siempre quise conocer, y ahora me siento fastidiada. Pienso en todos los conocimientos que ella tendrá, lo aprendido en las calles.
¿Será su desilusión similar a la mía?
Seguramente tenemos puntos de encuentro, intersecciones, y también diferencias, por ejemplo, ella trabaja de noche y yo de día; ella tiene un hombre frente a sí y yo tengo una tristeza atorada en la nuca.
La pareja se mira y ella deja entrever dos grandes senos en el escote, inhala con los ojos cerrados y se le expande el pecho. Pienso en el amor. Cuando me enamoro me gusta respirar profundo y olerle las mejillas a la gente, llenarme de su presencia inútil. Se abrazan. Pienso que tal vez él es su padrote. Frente a mí dos prostitutas hablan de sus zapatos. Es de noche en el Martí y hay una brisa de tristeza recorriéndome la nuca. Todos los paisajes, todos los recuerdos, toda la añoranza del antes. Nunca me gustó ser la inocente, siempre quise conocer, y ahora me siento fastidiada. Pienso en todos los conocimientos que ella tendrá, lo aprendido en las calles.
¿Será su desilusión similar a la mía?
Seguramente tenemos puntos de encuentro, intersecciones, y también diferencias, por ejemplo, ella trabaja de noche y yo de día; ella tiene un hombre frente a sí y yo tengo una tristeza atorada en la nuca.
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