Si encierras a una vagabunda en una oficina, por lo menos dale un trozo de papel y una pluma que pinte.
martes, 30 de agosto de 2011
Caminito
Caminamos juntos por aquella senda escondida en el jardín botánico, donde las cactáceas posaban serenas bajo el sol caprichoso de noviembre. Al final de ese pasillo largo entendí que, aunque te arrepentías, no podías culpar a tus zapatos por oler a estiércol -mucho menos al estiércol por ser estiércol- si fuiste tú quien decidió pisarlo. Sobre todas las cosas, entendí que a veces la soledad es el precio a pagar por tener los zapatos medio limpios...
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